jueves, 26 de junio de 2008

Regreso al Hogar

Vuelvo a ti, yermo desolado, mi hogar.

Agarrado a mi timón, desnudo,
surco negras aguas de tormenta.
Un manto de nubes cubre los cielos
como titanes saturados de furia.
Los relámpagos restallan sobre mi nave gris
para quebrar sus viejas velas.
Las olas nacen de profundas simas
para golpear su casco
maltrecho.

Te abandoné, yermo desolado, mi hogar.

Divisé un faro en el horizonte, desde riscos escarpados,
y embarqué en mi nave gris, hacia el ocaso.
El faro iluminaba una costa de aguas tranquilas,
verde y joven, tan distinta.
No me importó perder mi nave en los arrecifes de coral,
no demasiado.

Te olvidé, yermo desolado, mi hogar.

Construí una casa de bambú sobre verdes prados,
entre lagunas quietas y animales con bozal.
Cambié el timón por la azada,
y el rugido del viento por la brisa otoñal.
Era feliz, ¿o era el silencio?

Vuelvo a ti, yermo desolado, mi hogar.

Desnudo, tiritando, agarrado a mi timón,
voy a tu encuentro.
Tú eres yermo y desolado, salvaje y colérico,
eres sombrío y despiadado.

Pero tuyas son las bestias indomables
y las piedras flotantes,
los riscos infinitos y las fosas abisales.
Tuya es la magia, el vuelo, el rugido,
la verdad y mi sentido.

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