jueves, 26 de noviembre de 2009

El Mito de Caín

Caín mató a Abel y fue condenado por Dios a vagar eternamente en soledad, sin que ningún hombre pudiese dañarle. Hasta aquí el mito cristiano del cainismo. Pero analicémoslo con una mente crítica. ¿Por qué Dios habría de castigar a Caín con los dones de la inmortalidad y de la invulnerabilidad? Caín se ve de pronto recompensado por su homicidio con un poder ilimitado. En este sentido, la condena de la soledad se antoja más bien una consecuencia, pues Caín ha dejado de ser un hombre, tanto para sí mismo como para los demás.

Es sabido que el Cristianismo bebe de varias raíces. Su sentido moral emana del Judaísmo, pero su mitología es esencialmente zoroastrista. Esta religión mesopotámica, cuyo auge se produce pocos siglos antes de la aparición del Cristianismo, posee una rica iconografía. El Zoroastrismo funda los conceptos del Bien y el Mal como fuerzas enfrentadas, formadas por ejércitos de ángeles y demonios, a cuya cabeza van Ahura Mazda y Ahriman, respectivamente. El mito del Gran Diluvio tiene un origen zoroastrista, y quizá también lo tenga el de Caín y Abel. Esto explicaría muchas cosas.

Uno de los aspectos más desconocidos de la mitología griega es la existencia de un dios peculiar, que simbolizaba tanto el Bien como el Mal. Su nombre es Abraxas, y no suena tan extraño como parece: la palabra "abracadabra" proviene de un ritual mágico mesopotámico, y su raíz es, efectivamente, el nombre de este dios. No tuvo nunca muchos seguidores en Grecia (no consta que tuviera ninguno), pero su naturaleza dual es llamativa. Es probable que su entrada en el panteón griego fuera tardía, por influencia zoroastrista (las guerras médicas, como todas las guerras, pudieron facilitar el intercambio cultural entre los pueblos enfrentados).

Abraxas representa la dualidad del hombre como ningún otro dios. El mito cristiano de Caín y Abel parece más dedicado a este dios persa que al de Abraham. Matando a Abel, su hermano, Caín asesina simbólicamente a toda la Humanidad, sabiendo que esta decisión le convertirá en un paria. Para el Cristianismo, esta fábula contiene una enseñanza jurídica: no matarás.

Pero estudiando el caso, vemos que Caín rechaza a Dios después de que éste desprecie sus regalos, de forma aparentemente caprichosa (según la Biblia, los regalos de Abel son tan buenos como los de su hermano). Caín posee un sentido crítico del que Abel carece, que le permite censurar el comportamiento de Dios mismo. Abel se comporta como un niño, para el que todo lo que emana de su padre es correcto. Caín se comporta como un adulto, para el que todo lo que emana de su padre (y en consecuencia, del mundo) debe ser evaluado. Caín tiene conocimiento de la diferencia entre el Bien y el Mal, mientras que Abel no. Abel se limita a aceptar la palabra de Dios, siguiendo una tradición moral, privada, por tanto, de ética. El homicidio de Abel se convierte así en un acto ético de confrontación con la moral establecidad. La Biblia indica que Dios marca a Caín en la frente "para que todos sepan que si Caín muere, será vengado siete veces". No puedo evitar pensar que los doctores de la Iglesia no censuraron este capítulo de su libro sagrado por pura miopía.

Abel, como buen discípulo de su padre, no dudará cuando éste le ordene matar (como Dios exigió a Abraham). Su fe le habilita para violar la ética sin exigir explicaciones. Rechazando a Dios, Caín decide apartarse de todos aquellos que iniciarán las Cruzadas, la persecución de los judíos y degenerarán su propia Iglesia apartándose del mensaje cristiano. Pero es ése mismo Dios el que transmite parte de su poder a Caín, dotándole de una marca que le distinguirá de los hombres, y que les priva de la capacidad de dañarle. Por tanto, aunque Caín rechaza a Dios, sólo se aleja de una parte de éste, pues la otra sigue viviendo en él. Hablamos aquí de un dios necesariamente dual, capaz de hacer el Bien y el Mal: Abraxas.

Aunque Caín fue repudiado, tuvo descendencia, y su linaje sobrevive hoy en día. Quizá te hayas cruzado con uno de ellos. Tienen una señal en la frente que los distingue de los demás.

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