jueves, 27 de octubre de 2011

Marina Ivánovna Tsvetáyeva

Permitidme que comparta con vosotros varios poemas de una artista extraordinaria. No glosaré su vida, idea harto arcaica que me surge porque mi mente tomó forma en tiempos preinformáticos, en los que no existían Wikipedia ni Google. Sólo añadiré la obviedad de que, si os emociona como a mí, investiguéis sobre ella. Os recomiendo especialmente que escuchéis las canciones rusas inspiradas en su poemas.

La siguiente selección ha sido extraída de ese blog magnífico, otra iglesia es imposible.


Seré feliz si...

Seré feliz si Usted no siente mi dolor,
Y que yo tampoco sienta nada,
Que nunca el pesado globo de la tierra
Se escurra bajo nuestros pies.
Me gusta que pueda ser ridícula, perversa
Y buscar palabras adecuadas
Y no ponerme roja con ola sofocante
Si apenas nuestras mangas se rozaran.

Me gusta que delante de mí Usted pueda abrazar
Tranquilamente a otra mujer,
No me condena a arder en el infierno
Por no besarlo a Usted.
Y que mi cariñoso nombre, mi Cariño
No recuerde ni en la noche ni en el día...
Que nunca sobre nosotros, en el silencio de la catedral,
Cantarán el Aleluya.

Gracias a Usted -con mi mano sobre el corazón-
Que no sabe lo mucho que me ama:
Por mis noches tranquilas,
Por los encuentros de las crepusculares horas,
Por nuestros no paseos bajo la luna,
Por el sol que no existe encima de nosotros,
Por el dolor que no siente, lamentablemente, usted por mí,
Por el dolor que no siento, lamentablemente, por Usted.

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892-Yelábuga, 1941), traducción de Víctor Toledo, Periódico de Poesía, Anuario 2010-2011, México.


A mis versos…

A mis versos escritos tan temprano,
que no sabía yo que era poeta,
brotados como chorros de una fuente
como chispas de un proyectil,

llegados como diablos diminutos
al templo del incienso y del sueño,
a mis versos de muerte y juventud
-¡Intactos! ¡No leídos! ¡Solos!

Dispersos entre el polvo de las tiendas,
donde nadie los ve ni los verá.
como a vinos excelsos a mis versos,
también les llegará su hora.

Koktebel, 13 de mayo de 1913.


Mi día…

Mi día es desordenado y absurdo:
al pordiosero le pido pan,
al rico le ofrezco una limosna,

enhebro en una aguja – un rayo,
al ladrón confío – la llave,
con cascarilla doy color a mi pálido rostro.

El pordiosero no me da pan,
el rico no acepta mi dinero,
el rayo no entra por la aguja.

El ladrón entra sin llave,
y yo, tonta, me deshago en lágrimas-
por un día vano e inútil.

27 de julio de 1918

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892-Yelábuga, 1941), Un espíritu prisionero, traducción de Selma Ancira, Galaxia Gutenberg, España, 1999.

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